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domingo, noviembre 04, 2007

ZYY - 05 - Pero no te lo daré


...maestro para lograr la armonía entre no-muertos y de-momento-vivos, volveremos nuestra atención al joven que, en el tercer capítulo de esta historia, huía de los enloquecidos paramilitares directamente hacia el centro de la ciudad.



Tras haberles dado esquinazo, todavía sin saber cómo, el joven escondió su vehículo en un callejón oscuro. Estaba todavía en un barrio periférico, pero al menos se sentía guarnecido por los edificios desolados y vacíos. Si habitaba algo dentro de ellos era algo que de momento no se había parado a pensar. Porque pararse a pensar era un lujo, ¿serviría de algo acaso el recordar quién era?

Su vida anterior a la catastrofe ya no importaba. ¿Qué más da si fue fontanero, maestro, taxista? Todo aquello había quedado atrás sepultado por el horror y la muerte. Vivir en un presente contínuo había borrado casi todo rastro de su pasado.

Llamémosle Miguel.

Miguel recuperó la calma pasados unos minutos. Resopló pesadamente y entonces cayó en la cuenta de dónde estaba. La ciudad. Las últimas noticias que tuvo de ella es que estaba siendo arrasada por las hordas de muertos vivientes. Ahora que estaba allí y veía con sus propios ojos el panorama, se extrañaba de la soledad imperante. ¿Quedaban supervivientes? ¿Quedaban zombies? ¿Qué había pasado? Ante sí, las calles desoladas y sucias, los escaparates rotos y las tiendas saqueadas. Testigos de algo que él no alcanzaba a imaginar.

Decidió continuar a pie. No sabía qué peligros le aguardarían en su camino, y prefería explorar el terreno en silencio que alertar a algún oído atento al sonido de un motor. Cogió una mochila del jeep en la que llevaba agua y provisiones envasadas para un máximo de una semana, y cuidadosamente y con los ojos bien abiertos, fue dirigiéndose hacia el centro de la ciudad. Probablemente ni él mismo sabía porqué se dirigía hacia allí, pero sí sabía que no podía volver atrás. Quizá le quedaba la leve esperanza de encontrar a gente con vida. Sólo una persona, alguien a quien aferrarse en esos momentos dificiles. Tan pronto como dicho pensamiento cruzó por su cabeza, su ánimo se ensombreció. Recordó las últimas palabras de su padre, justo antes de desaparecer engullido bajo una marea de muertos.



"...Y recuerda, hijo, aunque estas criaturas no son muy listas, tenemos que ser cuidadosos. Por ejemplo, nunca estés parado de espaldas a una ventana, porque podrían arrastrarte fuera y matarte. Te lo mostraré con un ejemplo para que sepas bien donde no ponerte. Aquí, ¿ves? Nunca te pares aquí delante como estoy haciendo yo."


No pudo contenerse más y las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas. No podía seguir más tiempo solo. Suspiró hondamente y apretó los puños con firmeza.

Justo entonces, un sonido rítmico le sobresaltó, a escasa distancia de él. Se concentró y pudo reconocer como un ritmillo musical iba in crescendo, algunos metros por delante suya.





Con el corazón a punto de salirsele del pecho vió, a escasos diez metros de distancia, como cruzaba la calle la zombie más extraña que había visto hasta entonces. Llevaba algo parecido a una radio apoyada sobre uno de sus hombros, e iba contoneándose febrilmente al ritmo de la música. Una enorme rata del tamaño de un caniche la seguía dando saltitos y corría alrededor suya.

Zombie Ye Ye, seguida por Canela, desapareció por un callejón sin haber reparado en Miguel. La música fue disminuyendo poco a poco y terminó por desaparecer.

Miguel, tras recoger su mandíbula del suelo, decidió seguirla.


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jueves, octubre 04, 2007

ZYY - 04 - Un poquito de amor

El guateque resultó ser un fracaso absoluto. Zombie Ye Ye había estado tan concentrada en detalles como el de encontrar vestido o el de arreglar su aspecto para que resultara imponente, que no había reparado en otros detalles tanto o más importantes, como los invitados, la música, o el ponche.

Dentro de Flower's, la discoteca abandonada en cuyo ambiente desangelado se lamentaba nuestra protagonista, sólo quedaba una rata timida que de vez en cuando le devolvía la mirada. Sentada sobre unos polvorientos escalones, con la bola brillante del techo reflejando sus destellos sobre su vestido, Zombie dejó a su cerebro semipodrido divagar.




La rata, que aunque era timida, solía coger confianza muy rápido, se acercó lentamente a Zombie Ye Ye y le olisqueó los pies. Zombie Ye Ye la miró con aire ausente y le lanzó un trozo de intestino que llevaba en el bolsillo. La rata devoró el trozo con avidez y se restregó agradecida contra la pierna de Zombie Ye Ye y, a partir de ahí, ya fueron amigas inseparables. La rata, que fue bautizada como Canela, aprendió rápidamente a traer palitos que Zombie le lanzaba, y a dar la manita. Pero eso es otra historia.

En ese momento, y deprimida por la situación, Zombie Ye Ye, pensó en buscar al grupo de zombies que arrasaba el país para unirse a ellos. No le hacía mucha gracia la idea, pero su intento de llevar una vida independiente y alejada del enjambre, no había dado resultados óptimos. ¿Qué hacer si no?

De repente, una idea peregrina atravesó fugazmente sus sinapsis descompuestas. Era tan obvio que no había caído en la cuenta hasta ese preciso momento.

- ¡Ratita! ,- exclamó Zombie Ye Ye a la vez que se incorporaba de un salto.- ¡He tenido una idea alucinante!- Pegó tres saltitos para remarcar su excitación. La rata levantó su hocico con curiosidad, presa de una naciente inquietud contagiada por su nueva amiga.

- Está claro que ésto no funcionará así. Tal como está la situación en esta ciudad (y supongo que en el resto del país, continente o mundo), con todos esos muertos antisociales devorándolo todo, y los pobrecillos vivos corriendo como pollos sin cabeza, nadie va a tener ganas de ir a una fiesta. Nadie que no se haya bebido una palangana de ácido lisérgico, claro. Pero no hay que desesperar,- Zombie dió palmaditas con entusiasmo,- yo misma puedo organizarlo todo para que podamos celebrar esa fiesta. No sé cómo, pero ya se me ocurrirá algo. Lo primero que tengo que hacer es lograr que muertos y vivos no se ataquen los unos a los otros. Sé que parece dificil, pero lo tengo que lograr. ¡Tengo que conseguir que todos seamos amigos!

Con el ánimo rozando niveles estratosféricos, Zombie Ye Ye salió de la discoteca Flower's dispuesta a cambiar el mundo. Canela la seguía pegando brincos.

(Fin de Zombie Ye Ye 4ª parte)

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martes, septiembre 25, 2007

ZYY - 03 - Y vendrás a pedirme de rodillas


Las grúas de construcción, como siluetas enormes y metálicas del juego del ahorcado, se veían recortadas contra las nubes cenicientas. Junto a ellas, los esqueletos de edificios cuyas obras quedaron paralizadas cuando estalló la Crisis. La zona había estado destinada a servir de ensanche para la ciudad en expansión, y ahora se erguía como un núcleo fantasma de amplias avenidas sin asfaltar, sirviendo de testigo mudo a la tragedia que se había gestado semanas antes. Era como un recordatorio de todas las cosas que tuvieron que ser abandonadas para dejar que el olvido las reclamara como suyas.

La atmósfera cargada de la tarde auguraba una lluvia inminente, la oscuridad iba dejando caer su manto, y el ruido sibilante del viento entre las columnas de hormigón, dió paso a un sonido diferente. Sonido de motores.

Una camioneta destartalada derrapó violentamente sobre el barro, y estuvo a punto de salirse del camino aun sin asfaltar. Dentro, un joven nervioso movía el volante frenéticamente y pisaba a fondo como si no hubiera un mañana. De hecho, el mañana podía muy bien no llegar, por cómo le iban las cosas.

Le perseguía a escasa distancia un jeep cargado de militares desertores, completamente enloquecidos, dispuestos a torturarle, quizá violarle, matarle, y quedarse con su vehículo. Cada cierto tiempo, una ráfaga de disparos alcanzaba el chásis o pasaba silbando a poca distancia de su cabeza. ¿Qué era lo que pintaban ahí dichos militares? Se podría hacer un análisis de la situación provocada por la Crisis, y estudiar el motivo que llevó a un grupo de soldados a renegar del ejército para dedicarse a saquear, matar, destruir y gestionar su propia supervivencia de forma poco respetuosa con el prójimo, pero no es necesario. Simplemente ocurrió, y el pobre joven que huía iba a pagar todos los platos. Además, una explicación interrumpiría gratuítamente la escena de persecución tan intensa que está siendo descrita en estos momentos.

Con la distancia entre los vehículos reducíendose rápidamente, los tiros resonando cada vez con mayor frecuencia y los gritos y risas lunáticas de los militares oyéndose por encima del rugido de los motores, era dificil pensar con claridad. El joven enfiló su vehículo hacia una de las desangeladas avenidas que conectaban con la ciudad, al fondo, y rezó porque sobre el asfalto su camioneta pudiera dejar atrás al jeep. Detrás de sí escuchó el chirriar de ruedas del jeep tomando la curva, y justo a continuación el estallido metálico de más balas impactando contra su camioneta...

(Fin de Zombie Ye Ye 3ª parte)

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domingo, septiembre 16, 2007

ZYY - 02 - Que te quiero de verdad

Zombie Ye Ye era una zombie atípica. Cierto es que la noche en la que se abrió camino hacia la superficie, atravesando la madera podrida y arañando la tierra húmeda, pasó a engrosar la gigantesca columna de muertos que se dirigían hambrientos hacia la ciudad. Pero no lo hizo para saciar la voracidad irracional que dirigía los pasos de sus compañeros, sino que empezó la marcha atraída por las luces y el sonido que sentía a lo lejos, como cantos de sirena que le prometían revivir viejas sensaciones.

Una vez en la ciudad, los cuerpos vivos y calientes que corrían y chillaban desesperados a su alrededor tampoco le interesaron lo más mínimo. Se dedicaba a admirar los escaparates y saciaba su apetito con cualquier cosa - no necesariamente cerebros humanos - que encontraba en las tiendas de los chinos. Así, se había mantenido aceptablemente conservada y sin ningún desperfecto aparte de los obvios causados por la temporada bajo tierra y la descomposición. Le había costado lo suyo deshacerse de la colonia de gusanos que estaban comiéndose sus pulmones, cosa que consiguió tras revolcarse durante más de media hora sobre polvos fungicidas biológicos e insecticidas que encontró en una tienda de jardinería.

Zombie Ye Ye hizo grandes esfuerzos por conseguir un aspecto natural. En verdad estaba muerta y olía a podrido, pero eso no era nada que el estilismo no pudiera arreglar. Usando relleno de sillones en las partes que le faltaban y ropa interior de cuerpo entero ajustada convenientemente, logró recomponer una estilizada silueta. Su pelo no tenía remedio, así que terminó de arrancarse los mechones rebeldes que aún sobresalían de su cráneo y decidió utilizar una hermosa peluca rubia de pelo liso que le sentaba - a su parecer - como un guante. Lo más problemático era recomponer las partes que todavía eran visibles, cómo la cara y las manos. La nariz practicamente era inexistente, y se reducía a un jirón de carne que molestaba más que otra cosa, como si fuera un flequillo rebelde. Con gran trabajo, y usando masilla para madera, se hizo una nueva, pero no le convenció el resultado. Después de todo, era muy perfeccionista. Al final decidió usar el frontal de la cabeza de una maniquí, a modo de careta. Y elegantes guantes de seda para las manos. Tras un último paseo por las más importantes tiendas de moda - que obviamente no habían sido saqueadas por los humanos en su ajetrada huída, principalmente porque a nadie le interesa marcar tendencia cuando huye - se hizo con un vestido corto, medias a juego y botas altas. El resultado era todo glamour, y por poner un ejemplo al uso, lucía infinitamente mejor que la duquesa de Alba - y además parecía estar más viva.
Zombie Ye Ye decidió entonces que ya estaba lista para irse al guateque.

(Fin de Zombie Ye Ye 2ª parte)

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sábado, septiembre 15, 2007

ZYY - 01 - No te quieres enterar

Las calles amanecieron desiertas y frías, bañadas por una fina capa de humedad y la claridad de metal azul del día que empezaba a despuntar. Ningún cláxon, ningún coche atascado, ningún sonido propio de un lunes por la mañana violaba la quietud imperante, sólo el viento silbaba al arrastrar algunas hojas de periódico arrugadas y manchadas de barro.

Un hocico afilado e irregular apareció, husmeando el aire, desde uno de los sumideros de agua en el borde de la acera y exhaló una minúscula nube de aliento. A continuación avanzó, seguido del cuerpo descomunal de la enorme rata gris a la que pertenecía. La rata se paró en mitad de la calle y miró a su alrededor. Ninguna amenaza. Con rapidez se dirigió hacia un extraño bulto que yacía sobre el empedrado y empezó a mordisquearlo sin tomar la precaución de arrastrarla hacia su madriguera, no corría ningún peligro. Como si hubiera captado una orden inaudible, otra rata salió del agujero y se fue correteando hacia otro pedazo de comida. Y otra, y otra más. Empezó como un goteo, que fue creciendo en intensidad, y en menos de un minuto había una riada de ratas rebosando hacia la calle por los agujeros del subsuelo, derramándose como una tromba de algún líquido pestilente, formando un suelo vivo y repugnante de seres que se pasaban por encima, se mordían y chillaban.

Había pasado un mes desde que estalló el virus en un laboratorio militar en las afueras. Poco tiempo después los infectados habían empezado a llegar en manadas a la ciudad, y con ellos la desesperación, el horror, la muerte. Nadie sabía que tipo de virus era el que lograba que los muertos caminaran sobre la tierra, y qué motivos tenían para atacar a la población, matarles y alimentarse de ellos. Nadie había tenido mucho tiempo para preguntarselo, y la única opción hasta el momento, era la huída. Cada día que pasaba, los vivos eran menos, y aquellos que caían pasaban a engrosar las filas de los muertos. Era una guerra perdida.

La ciudad estaba vacía de almas a las dos semanas. La mayoría de los muertos, como si poseyeran una mente colectiva, se dirigieron tambaleándose hacia otras ciudades, expandiéndose sobre el mapa como un cáncer. Los que se quedaron, se descomponían lentamente ante la falta de carne fresca, y terminaban devorándose entre sí. Al cabo de una semana más, sólo quedaban restos de carne muerta, trozos que aún se movían, ojos que seguían mirando, brazos que se arrastraban reptando por el suelo. Era el festín de las ratas, que se habían multiplicado de forma asombrosa. Eran las nuevas amas de la ciudad, glotonas y grotescas.

Sin embargo, en la ciudad todavía quedaba un habitante. Una zombie que tenía mucho ritmo y cantaba en inglés. Con el pelo alborotado y las medias de color. Una zombie ye yé.

Hu-Ha!



(Fin de Zombie Ye Ye 1º parte)

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