sábado, julio 02, 2005

¿Pero qué puta mierda es ésta?

Precisamente entonces fue cuando le dio por silbar el himno de riego. Siempre había sido una chica algo rarita, había sido la clase de persona que pensaba de forma diferente, que hacía cosas que a los demás nos parecían extrañas, o al menos, pintorescas. Pero en mitad del funeral de su hermana estabamos casi seguros de que se contendría un poquito. La verdad es que fue algo muy impactante, al principio, pero bueno... cuando llegaron los curretas a tapar el nicho, la atención global se desvió hacia ellos. Su falta de emotividad nos demostró que el trabajo embrutece o deshumaniza, vamos, que deberían inventar algo para no tener que dar el callo. Les pagan por poner la losa, echar un poco de cemento y nada más, pero no estaría mal que les diesen un extra por trabajar con caras tristes, por hacer como que se enjugan una lágrima, por abrazar a algún familiar... vamos, sería un servicio más, y lo de enterrar es un negocio como otro cualquiera. Bueno, como otro cualquiera no, porque está claro que no tiene la misma capacidad de diversificación que una mercería, o unos ultramarinos, pero a nosotros nos haría mucha ilusión que nos enterrara alguien que no interrumpiera su trabajo para tomarse el bocata, mientras alguien del gentío entona el himno de riego, o enarbola una bandera del CF San Pedro como si le fuera la vida en ello. Lo cual nos recuerda que debemos comprar el abono. Ya mismo empieza la temporada, y la verdad es que no hay nada que nos apetezca más que tumbarnos sobre la hierba recién cortada y aspirar el aroma de la humedad verde, y dormir por la tarde mecidos por el croar de las ranas del río cercano, oler a verano, sentir la brisa que anuncia la llegada de la noche, descubrir la luna asomándose tras una montaña y más cosas que no vienen a cuento, como comprar un showarma en el turco de la esquina.
A todo esto, qué hambre nos ha entrado!

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viernes, junio 10, 2005

Crítica literaria (Guest Star: Coldito)

El amigo Coldito ha accedido a verse publicado aquí, lo que él no sabe es porqué. Y es que cuando registras una cuenta de blog de Blogspot, te hacen firmar un apartado en el cual te comprometes a colaborar con un centro de educación especial, y con uno de sus alumnos con leve retraso. Coldito es ese alumno, y espero que el hecho de verse aquí contribuya de forma positiva en su psique. Los de la terapia dicen que puede que ayude.. Ahí sus dejo sus impresiones sobre el último libro que leyó. Y cuidadín, que si no habeis leído el libro, al chaval le importa tres cojones, lo destripa igual:

CIEN AÑOS DE SOLEDAD de Gabriel García Marquez

Bueno, he vuelto al mundo de la lectura, y el primer libro elegido (así, para regresar a este maravilloso y apasionante mundo) ha sido esta minudencia de nada. Para hacer las cosas como progresivamente, pues me meto entre pecho y espalda casi 500 páginas. Avisados quedais que tanto en esta reseña como en el resto que haga, escribiré spoilers varios sin aviso ninguno, aparte de este mismo. Por lo que si os quereis arriesgar, allá vosotros..

En fin, libro famosillo este que leí. La verdad es que el libro empieza de lujo, atrapandote poco a poco en la vida de la familia Buendía, especialmente, gracias a la fascinación que en mi provocó ese gran personaje llamado José Arcadio Buendia. Detalles como el del muerto que busca la esponja son impagables. El libro está lleno de este tipo de detalles, que al fin y al cabo, es lo que más se queda. Sin embargo, conforme leía y avanzaba, no tenía sensación de avanzar, pero sí de leer. Hay un momento en el que pasan cosas, pero no pasa nada. Todos se llaman igual, y ya no sabes si los que mueren o nacen son los mismos u otros diferentes. Me parece a mi que a mitad de libro al señor este se le fue la mano.

El final, pues un poco más de lo mismo, aunque remonta el vuelo un poco, pues sigue dando una sensación de incosistencia e intrascendencia importante. Llegando al punto de tener la certeza de que aunque te saltaras 100 o 200 páginas, al final, la sensación que te va a dejar el libro, es la misma. Es como ponerse a escuchar el viento. Escuchar dos horas o cuatro, reporta exactamente la misma expèriencia, porque hay un momento, que si no tienes reloj, la cosa empieza a hacerse como larga, como igual, como que no pasa nada y a lo mejor te crees que llevas 2 horas oyendo el viento, y llevas 4 o llevas 37 minutos.

Entre tanto, pues mientras oyes el viento, hay veces que puedes ver un pajarillo volando, una chavalilla de buen ver, un caco genante... cosas que te llaman la atención, pero que al fin y al cabo, son superfluos a la experiencia. La gracia por lo tanto, puede que esté en esos elementos superfluos, y no en escuchar el viento.

Después de esta analogía barata, vuelvo al libro. Me impresionó mucho el final, el punto donde las hormigas se llevan una pasa a su madriguera, una pasa que en un tiempo pasado (muy reciente además) fue un bebé. Es una escena muy dura, contada con total ligereza, pero con muy mala baba. Como en una precipitación de mala leche que se da lugar al final, como si esa mala hostia fuera la que desencadena el tornado que arrasa con Macondo.

En definitiva, mis conclusiones del libro es que el mundo se divide en dos tipos de personas: Aurelianos y José Arcadios y que todo lo que pasa mientras vivimos, no tiene ni importancia ni trascendencia en las insondables arenas del tiempo. El libro refleja muy bien esto, gran mérito el del autor, sin embargo, no por ello la lectura me parece más agradable o satisfactoria. Es como querer expresar un sentimiento de desidía y pasarse 1364 páginas sin decir nada interesante. Has clavado el significado, sin embargo dudo que por ello el libro sea más agradable de leer.

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sábado, mayo 21, 2005

Vidas Secretas

Hola amigos. Hoy os voy a hablar de Bartolo.

Bartolo, cuyo nombre verdadero no voy a desvelar aquí, es amigo mío desde que estábamos en el parvulario. Puede que esto no sea nada trascendental, pensareis, pero claro, me falta añadir un detalle bastante importante: Bartolo es el Capitán Imposible, el famoso superhéroe. El mismo que se ha encargado de salvar nuestro universo las últimas tres veces (supongo que todos recordareis con una sonrisa aquella ocasión en la que los tiránicos Lores Hpgurnianos pretendieron modificar las órbitas de todos los planetas de nuestro sistema solar para que colisionaran entre sí. El Capitán Imposible les mandó a las prisiones de la pentadimensión de una buena patada en el culo.)
Pues bueno, Bartolo, al margen de su fascinante trabajo, lleva una vida bastante normal. Puede que incluso algo aburrida. No sé si os imaginareis los problemas de tener una identidad secreta, pero uno de los más importantes a mi parecer es el obsesivo ansia de “normalidad” que puede llegar a desarrollar. Me lo contó hace tiempo, después de volver de la nega-realidad en la que había estado aprisionado un año. Me dijo que después de luchar contra seres informes del espacio ulterior, de sobrevolar planetas a años luz del nuestro y de defender el prisma de las realidades de los ataques de la flota imperial Kolhj, lo que más le apetecía era llegar a su apartamento, ponerse el pijama y tragarse dosis masivas de anuncios en la tele. Si conocierais a Bartolo cuando es él mismo os asombraríais de lo que es capaz de hacer por algo de rutina. Sí, puede parecer extraño, y de hecho lo es. Pero en una vida como la suya lo difícil es encontrar regularidad. Todo son ataques lumínicos, destrucción a gran escala y exclamaciones del tipo de: “¡Al Cruzado De Wolframio no se le derrota fácilmente!”. Os lo podeis imaginar...
Bartolo no nació en este planeta. Volved a leer la frase anterior. Si no lo habeis asimilado, volvedlo a hacer. Bien.
Bartolo nació en un lejano sistema, y cuando digo lejano no me refiero a la distancia que hay de nuestro planeta a, por ejemplo, la galaxia de Artemisa o algo así. Eso son naderías. Me refiero a algo lejano de verdad. En el planeta Pharyl.
El planeta Pharyl, cuyo nombre verdadero tampoco es este, (no puedo revelar esos detalles. Imaginad que algún archienemigo de Bartolo leyera esto), consta en las guias estelares como un orbe magnífico y lleno de vida. Es muy parecido a nuestro planeta, y de una diversidad monumental. Los seres que gobiernan allí pertenecen a la misma raza que Bartolo, es decir, seres con apariencia básicamente humana. Pero por mucho que se parezcan a nosotros no son humanos, los humanos no podemos volar, ni levantar toneladas de peso, ni desgarrar el tejido del cosmos. Son, a falta de una palabra mejor, la hostia. O mejor dicho, eran la hostia, ya que hace tiempo que el planeta Pharyll y todos sus habitantes dejaron de existir. Algo relacionado con chocar contra el segundo satélite, creo.
Bartolo fue uno de los pocos afortunados que pudieron escapar de allí con vida. Su familia le envió hacia nuestro planeta en una capsula espacial cuando solo contaba con dos años de edad (calendario terrestre), debido a las similitudes atmoféricas y ambientales entre Pharyll y la Tierra. Aquí podría tener una oportunidad, no como los cuarenta mil millones de pharyallianos que sucumbieron en la hecatombe, ni como los seis estúpidos pharyallianos que se equivocaron de dirección y fueron a parar a aquel agujero negro.
Bartolo fue acogido nada más llegar. Tuvo suerte, sí, y la familia de lesbianas sexagenarias que le ofreció un cálido hogar también. Tuvo una infancia agradable. No era consciente de su origen, y sus madres nunca le contaron nada, ya que no lo creyeron necesario y temían que dicha información resultara perjudicial para su infantil mente. Así pues, se crió como un niño perfectamente normal en una familia de lesbianas sexagenarias. Sus superpoderes estaban en estado latente, no se manifestarían hasta la adolescencia.
Conocí a Bartolo a los seis años de su llegada a la Tierra. Y me di cuenta de que no era como los demás niños de la clase de párvulos. Cuando nos poníamos a jugar con plastilina, Bartolo siempre hacía lo mismo: construía una gran torre de plastilina, y en lo alto de ésta, un gran cañón apuntando al cielo. Cuando le preguntaba qué demonios era lo que había construido, él decía simplemente: “un cañón para salvarnos a todos” y cuando le preguntaba el porqué, se limitaba a mirarme con gesto distraido y decía: “aún no lo sé...” Solía darme escalofríos.
Pasó el tiempo y me convertí en el mejor amigo de Bartolo y en su compañero de juegos. Su juego favorito era “buenos y malos”, que consistía en que él hacía de super-héroe y yo de su malvado archienemigo, y luchábamos entre nosotros para decidir el destino de la humanidad. Supongo que de ahí le vino la vocación más tarde. También de ahí sacó lo que más tarde convertiría en su grito de combate: “¡Allá donde el mal aparezca para someter a los débiles, un rayo de luz surgirá y atravesará los negros corazones de aquellos que se dedican a cometer fechorías, porque el poder del bien es supremo y con él seré capaz de vencer a cualquier enemigo...” Bueno, en realidad este no es su actual grito de guerra. Tuvo que acortarlo bastante, ya que tras su último enfrentamiento con el Profesor Korkavian y sus Poderosos Perros Atómicos, a éste le dio tiempo a recargar su cañón de rayos magnéticos un par de veces al menos mientras Bartolo soltaba su discursito. La versión moderna es: “¡ Superdonut!”, que en realidad no tiene nada que ver con el anterior grito de combate.
Pasó el tiempo, y no supe nada de Bartolo durante mucho tiempo, al haber sido ingresado en una escuela diferente a la mía, subvencionada con los fondos de la agrupación cultural “Madres Lesbianas”. Yo, al permanecer en una escuela pública, tuve una infancia mucho más gris y ordinaria que la suya. O al menos eso supongo.
Pero la casualidad hizo que volviéramos a coincidir en el instituto. Allí me sorprendió mucho la forma en que había cambiado el pequeño Bartolo. Ahora era un débil y torpe muchacho, bastante patético que andaba como si fuera una sombra de sí mismo por los concurridos pasillos. Siempre iba cargado de libros, con unas horribles gafas el doble de grandes que su rostro y era el objetivo frecuente de las burlas del equipo de futbol americano al completo. En especial de Dan Rosenblum, el capitán de los “Leones de Junior High”, que parecía tenerle una especial tirria. Lo que ninguno de nosotros sabíamos era que Bartolo, ya plenamente consciente de sus superpoderes y de su lugar en el mundo, había desarrollado esa tapadera. Se hacía pasar por un joven tímido y miedoso para evitar que le asociaran con el nuevo superhéroe que acababa de empezar a repartir justicia por los barrios bajos, el increíble “Grumete Fúcsia” (que fue la primera identidad que adoptó Bartolo. Tras su madurez en el terreno superheroico, decidió adoptar su nombre actual y vestir con colores apagados en beneficio de sus misiones encubiertas)
Lo que tampoco sabía nadie era que el mismo Dan Rosenblum (que dicho sea de paso, es un nombre bastante inventado para proteger la identidad de terceros) acabaría por convertirse también en uno de los mayores enemigos de Bartolo en su faceta superhumana, al transmutarse en la amenaza conocida como “El Engendro” tras entrar en una habitación recién pintada con el elemento J-67, cosa que acabó por deformarle física y mentalmente. Con una pinta como la suya, era de esperar que se pasara al terreno de los supervillanos... ¡Pero ahora no es el momento de contar su historia!
Retomé la amistad con Bartolo en el instituto, y me dediqué a defenderle de muchos de los ataques que sufría por parte de los demás (aunque esos insultos y agresiones en realidad le importaban muy poco, apreciaba que yo intentara ayudarle) Fue por esa época cuando descubrí la identidad secreta de Bartolo.
Nos encontrábamos solos, estudiando para los exámenes finales en la biblioteca del instituto, y fue ese el lugar que escogieron “La Comitiva Del Mal” y los “Jóvenes Gladiadores Del Mañana” para tener uno de esos enfrentamientos que suelen tener cada pocas semanas y que siempre acaban con edificios derruidos, coches destrozados, y tuberías expulsando agua por todos lados en el mejor de los casos.
Ante mí tuvo lugar una transformación sorprendente. El escuálido Bartolo se incorporó con gran decisión e hizo chocar sus puños al tiempo que pronunciaba la palabra del poder: “FROREIFOS” y un relámpago azulado surgió de su cuerpo. Cuando pude abrir de nuevo los ojos, Bartolo ya no estaba, en su lugar estaba el Capitán Imposible, adalid de la justicia. Por cierto, Froreifos es una palabra totalmente inútil para nosotros, los humanos, así que no os servirá de nada gritarla mientras saltais por la ventana de un octavo piso con los brazos extendidos.
Bartolo / Capitán Imposible se unió a la pelea y logró apartar a los superhumanos de las zonas habitadas de la ciudad, evitando de esa manera unos daños colaterales que podrían haber sido muy graves. Solo una persona resultó herida en el enfrentamiento: el brillante genio de la química Steven Stitt, que sufrió los efectos de un derrumbamiento mientras se encontraba ocupado en su laboratorio subterráneo, realizando experimentos con acido clorhídrico, galletas integrales y pañales usados. Lo más dañado de su integridad fue su psique, pues desde ese momento juró vengarse de todos los seres con mallas del universo y se dio a conocer como: “El Vengador Envuelto En Kevlar”. Sus bombas tóxicas son letales.
Pero no nos desviemos de la historia principal.
Un poco más tarde de eso, Bartolo fue tomando conciencia de su lugar en el cosmos, y ansiando conocer su herencia oculta. Cuando cumplió 18 años, se prometió descubrir si habia más habitantes de su planeta natal, o si habian acabado todos hundidos en el vacio.
Por increíble que parezca, encontró a un habitante de su planeta natal, que a ojos humanos podría pasar por un perro callejero terrestre, pero que en realidad era un perro callejero pharylliano. Es decir, un perro capaz de hacer más cosas que su homónimo terrestre. Por ejemplo, de hablar. Sí, habeis acertado, me estoy refiriendo al Perro Imposible, compañero fiel de Bartolo durante todos estos años, y protagonista de su propio comic. Bartolo tuvo la suerte de encontrarlo actuando en un circo rumano, pero la historia de cómo llegó hasta allí es aún desconocida. El Perro Imposible tiene un bloqueo cerebral que le impide recordar asuntos de su pasado. Puede que eso sea lo que le ha convertido en el activo promotor de la lucha contra el alzheimer que es hoy día. Todos estamos orgullosos de él.

(continuará, o no)

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sábado, mayo 07, 2005

El Maquinista

Uh...

La noche pintaba emocionante. Cena elaboradísima, a base de cuarto de kilo de jamón serrano a palo seco y una litrona de cruzcampo. Para completar la escalada de diversión, una peli. La elegida resultó ser El Maquinista, historia atípica, inquietante y extraña, que bien podría haber sido ideada por un esquizo tras una indigestión de peyote.
Tras una primera media hora en la que la principal preocupación que uno puede tener es: "¿de qué coño va ésto?", la cosa va tomando forma (levemente definida) y acaba resultando incluso entretenida. Yo diría que no es aburrida esta peli, pero claro, cuando la veía estaba poniendome hasta arriba de cerveza, y en esta situación bien me podría haber tirado hora y media mirando por la ventana con la misma muda fascinación.
Como contar algo de la pelicula sería destripar en cierta medida el argumento (el poquito que tiene) pues me limito a señalar ciertas cosas:

- Que todavia no he visto una pelicula de Aitana Sanchez Gijón en la que esta mujer demuestre lo que, a mi juicio, vale. Me da la impresión de que es una actriz de puta madre, pero todavia no le ha caido un papel en el que pueda lucirse. Me falta por verla en La Camarera Del Titanic, pero es que a Bigas Luna le tengo un poco (mucho) de asco. También puede ser que ande yo completamente equivocado y que la tía ésta no de para más, pero me resisto a perder la esperanza de verla en un papelón.

- Que Christian Bale es un puto enfermo, pero se ha ganado mi respeto y mi apoyo incondicional por haber sido capaz de quedarse como un alambrito para dar el tipo que requería el papel. Es que se le marca la calavera de lo flaco que está el mamón... Se come con patatas la transformación de DeNiro en Toro Salvaje. Y además no actúa nada mal.

- Que a pesar de que finalmente no me haya parecido una cinta memorable, me hace gracia la idea de que haya directores o productores que pretendan hacer cine comercial de otra manera, que no se dediquen tanto a coger el molde y producir siempre películas del mismo tipo. Digo yo que si siguen intentándolo, les saldrá alguna cosa interesante algún día. O no.

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viernes, abril 22, 2005

Ahora eres un hombre (4)

Avanzaba renqueante a través del desierto. Había perdido la cuenta de las horas que llevaba en aquel lugar – mi reloj se había parado en las 5:36, posiblemente cuando esperaba en la parada – pero calculaba que eran demasiadas como para que el sol siguiera azotándome desde lo alto sin variar de posición lo más mínimo. Más de una vez desde entonces me arrepentí de haber abandonado aquel destartalado campamento de politoxicómanos, aquellos gatos gordos, y la seguridad absurda de que al menos no estaba sólo, como ahora, en medio de la nada. A mi alrededor el paisaje había ido cambiando gradualmente, desde un páramo reseco azotado por el viento, a un suelo arenoso que formaba dunas de altura creciente. El calor era espantoso, ya no soplaba el viento, y cada paso que daba me costaba más esfuerzo que el anterior. La idea peregrina y aventurada de que me encontraba en un lugar extraño que posiblemente no figurara en los mapas había empezado a perseguirme de forma punzante, tiempo atrás, pero a estas alturas ya se había asentado con total comodidad en aquellas partes de mi cabeza que aún no estaban anegadas por el sudor. Curiosamente, no tuve ninguna crisis de ansiedad, ni me venció el nerviosismo. Todo era tan sumamente increíble que parecía estar sucediéndole a algún otro.
Por desgracia, la sensación de agotamiento y aquellas agujas de punto que tenía clavadas en el costado me constaba que eran mías. Por cierto, ¿hacia donde estaba caminando?
Subí a una de las dunas con gran dificultad, y tras tomar aire, miré a mi alrededor. Estaba en el centro mismo del desierto.

Intermedio:
El gato se estiró sobre el sofá, dio tres vueltas sobre sí mismo, y se tumbó con la panza hacia arriba, y el hombre con pintas de militar retirado, aceptó la invitación que se le ofrecía y le acarició con una de sus enormes manos. Marcó una de las páginas y cerró el libro, luego dijo, con su voz grave:
“Pronto, muy pronto ella le encontrará”
Y entonces, resonó en la habitación una risa que no pudo reprimir.
Fin del intermedio.

No se me iba de la cabeza una canción de los Doors. Andaba maquinalmente, sin pensar hacia dónde iba, en lo que hacía, o donde estaba, solo tarareando en mi mente aquella monótona melodía. Ya no sentía fatiga, no era consciente de mis brazos, piernas, estómago, cabeza… era como si hubiese trascendido mi cuerpo, y ahora sólo fuese un espíritu que erraba por entre aquellas montañas de arena y polvo, deslizándome lentamente.
This is the end…
My only friend, the end…
No sabría decir cuánto tiempo pasó. Seguí andando, bajo aquel sol que no tenía ni idea de lo que era ponerse y dejar paso a la luna. Fijado encima de mi, me dio por pensar que no era un sol de verdad, que lo que estaba pisando no era un desierto de verdad, y que ni yo mismo me podía considerar una persona de verdad. Un pensamiento que levitaba sin rumbo. Un pedazo de seda, frágil, casi transparente, mecido por una brisa que tampoco existía. Caí al suelo una vez, y me levanté, con la arena pegada por todo el cuerpo. Dí otros dos pasos, volví a caer, con la canción a punto de morir en mis labios y la consciencia preparándose para saltar de mi mente.
Father?
Yes, son
I want to kill you
Mother?
I want to…

(continuará)

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